30/01/12

"Estautas"

Como dijo aquél, no somos nada: hoy “presonas” y mañana “estautas”. Aun así, algunos se empeñan en adelantar ese mañana. La rigidez que nos depara la muerte, hay quien la quiere en vida. Antes era inmortalizándose a lomos de caballo; ahora, presidiendo la rotonda de acceso a un aeropuerto sin aviones, por poner un caso. En el de Castellón tendrá Carlos Fabra, ex presidente la Diputación, su “estauta”, una figura destinada a ensalzar la personalidad de su inspirador. Medirá 25 metros, bastante menos que la Torre Eiffel pero algo más que la Puerta de Alcalá, que tiene 20.

La broma del aeropuerto ha costado cerca de 200 millones de euros. Más de 150 se los ha llevado la construcción en sí. El resto, la publicidad y la estatua. Cuentan que, cumplido su sueño, el día de la inauguración Fabra les preguntó a sus nietos. “¿Os gusta cómo ha quedado el aeropuerto del abuelo?”. El actual responsable provincial del PP en Castellón, que tiene que responder ante la justicia de siete presuntos delitos fiscales, es el prototipo de político chulesco y corrompido. Sin embargo, en la Comunidad Valenciana, hundida en el pozo de las deudas y de la corrupción, con su ex presidente en el banquillo, nadie de su partido se atreve a plantarle cara. Incluso Mariano Rajoy  -el que no iba a subir los impuestos- llegó a calificarlo un día de “político y persona ejemplar”.

Las estatuas, inmortalizadoras de la vanidad humana nos han acompañado desde siempre. Incluso Dios, en la tradición cristiana, tiene las suyas. No así en la judía o en la musulmana, donde queda prohibida la idolatría. Emperadores, reyes, condotieros y hasta presidentes de diputación han pasado o pasarán a la posteridad cincelados en la fría piedra. Las últimas más sonadas en caer han sido las de Sadam Hussein y las de Gadaffi. Las de Franco fueron desapareciendo de nuestras vidas sin hacer mucho ruido y colocadas a buen recaudo. A buen recaudo es un decir, porque algunos de los que mandan lo llevan todavía muy adentro. Las demás también caerán algún día. La tierra suele ser más tenaz. “En ella caeréis por vuestro propio peso – augura el poeta Ángel González- y seréis, si no ceniza, ruinas, polvo, y vuestra soñada eternidad será la nada.”

Claro que vendrán otras. El culto a la personalidad, como se puede ver, no era exclusivo de los llamados países comunistas. En el Monte Rushmore, en Dakota, por ejemplo, están esculpidas las cabezas de cuatro presidentes de los Estados Unidos. Unos bustos colosales de 18 metros – 7 metros  menos que el de Fabra,  mira por dónde -que representan los primeros 150 años de la historia de los Estados Unidos. Eso sí, levantados, no en vida, sino a posteriori.

Los que no van a dejar demasiada impronta –me refiero para la posteridad- son los concuñados reales. La figura de Marichalar yace, desterrada, en los sótanos del Museo de Cera. Y la de Urdangarín ha sido apartada de la familia real y trasladada a la sección de deportes, a la espera de ser enviada junto a la de su cuñado. Los dos expiarán en compañía sus culpas en los subterráneos del olvido. Uno por impresentable y el otro por chorizo. En cuanto a Mariano Rajoy, todavía es pronto para pensar en levantarle una “estauta”. Además, su estatura política no parece que dé para tanto. De momento, tal como ha empezado y tal como van las cosas, a lo más que puede aspirar es a convertirse en muñeco del pim pam pum o de feria. Esto es lo que tiene decir una cosa y hacer otra.