30/01/12

El dedazo de Valcárcel

Se ha hecho eco la prensa regional en los últimos días, con una complicidad sospechosa, de las maniobras de Valcárcel para nombrar sucesor. Hace tiempo que al presidente de la comunidad le aburre la política provinciana –la del agua y las deudas para todos-y quiere dar el salto. Cuentan que esperaba alguna señal de Rajoy, pero que tras conocer sus planes de prescindir de los barones entrampados, le faltó tiempo para decir que no estaba en sus proyectos ser ministro. Agotada la vía regional, descartada la aventura nacional, le queda ahora –para seguir viviendo de la política- el retiro europeo, un exilio dorado que más quisiera más de uno.

Porque no nos engañemos. El trabajo de parlamentario europeo además de estar bien pagado no ha deslomado a nadie, que se sepa, y está prácticamente exento de cualquier responsabilidad. Algo que no ocurre con el cargo de presidente autónomo, que también está bien pagado pero conlleva mayores servidumbres: la de tener que soportar, por poner un caso, la presencia de decenas de miles de manifestantes que, una semana sí y la otra también, pasan por delante de tu piso de la Gran Vía profiriendo gritos contra tu política de recortes en la sanidad y en la educación. O llevar pegados a tus talones a miles de proveedores que llevan años sin cobrar sus facturas de la Administración regional.

Europa es otra cosa. Europa es, como el Senado, el descanso del guerrero, el premio por los servicios prestados. Bruselas constituye para Valcárcel ese retiro dorado con el que muchos políticos sueñan. Tanto o más como la Costa Cálida pueda serlo para los conductores de tranvía bruselenses. Así es que Ramón Luis quiere plantar a la comunidad e irse a Europa en 2014. No sin antes dejarlo todo atado y bien atado  –en la medida de lo posible, tal como están las cosas-. Por eso ha nombrado a Juan Bernal, hombre de su plena confianza, consejero de Economía y futuro sucesor. Lo de sucesor tiene gracia. Recuerda a la monarquía, como denuncia el alcalde de Murcia Miguel Ángel Cámara, el único que hasta ahora se ha atrevido a levantar la voz. No tanto por convencimiento democrático, suponemos, sino porque ese tal Bernal está destinado a “birlarle” el puesto de presidente de la comunidad que quiere para él.

Afortunadamente, parece que en los partidos de la izquierda europea esas tentaciones tienden a desaparecer. Eso sí, los candidatos se despedazan en primarias –algo que desconcierta a los que piensan que se gobierna por la gracia de Dios-, pero hay que reconocerles a estos procedimientos cierta grandeza democrática: la de ser elegido por los tuyos para aspirar a que te elijan los demás. Las monarquías no tienen esos problemas. Tampoco las dictaduras. El espectáculo cómico-burlesco ofrecido por el régimen norcoreano es buena prueba de ello. El pasado mes de diciembre, el líder supremo Kim Jong-Il fallecía mientras viajaba en tren. Al instante, su hijo, el joven Kim Jong-un, quien fuera designado en 2010 heredero, asumía las tareas de jefe del Estado. Lo mismo que ocurrirá con Felipe el día que falte Juan Carlos. Otros fueron incluso más precoces. Alfonso XIII, por ejemplo, abuelo del anterior e hijo póstumo, que fue entronado rey de España el mismo día de su nacimiento, tras la muerte prematura de su padre.

Recuerdo que en 2003, durante meses, Aznar mantuvo en vilo a su partido mientras deshojaba la margarita de la sucesión. Erigido en líder supremo, finalmente se decantó por Rajoy frente a Rato y a Mayor Oreja. Los militantes aceptaron mansamente el dictado. Como parece que van a aceptar el dedazo de Valcárcel. Alguien diría que estas prácticas corresponden a otra época.