04/05/10

Proezas


      Veo en una foto a José Luis Pardo, el Embajador, posando en el pico de la Atalaya junto a una bandera republicana. La enseña, rojigualdamorada y de grandes proporciones, ondea al viento. José Luis, aunque sonriente, se encoge un poco, quizá porque es temprano y la mañana anda fresca a esas alturas. A sus tres cuartos de siglo vencidos, subir hasta la cumbre por un camino de cabras pedregoso y escarpado es ciertamente una proeza. Y no de las más pequeñas. Pero eso tienen los símbolos, que como las tetas a veces tiran más que todas las carretas juntas. Tampoco les quitaría yo mérito a los jóvenes que en la noche oscura y ventosa subieron a ponerla.

     La Segunda República, con todas las limitaciones propias de la época y todos los contratiempos que la atenazaron, constituyó, sin ninguna duda, uno de los periodos más interesantes y progresistas de la historia de España. En realidad, el primer régimen verdaderamente democrático de que gozó nuestro país, con cuatro elecciones que dieron pasos a la alternancia de gobiernos tanto de derechas como de izquierdas, y en el que se acometieron reformas sociales y culturales que todavía hoy celebramos. Si después vino la guerra, no fue por culpa de la República sino porque, entre otras cosas, los fascismos necesitaban un campo de prueba para poner a punto sus armas y estrategias, que luego, durante la Segunda Guerra Mundial, sufrieron en carne propia las demás democracias europeas. Y la historia quiso que ese campo de pruebas se levantara aquí.
     Coincidiendo con estas celebraciones y con las de la Semana del Libro, que andan bastante juntas, se ha presentado en Cieza un libro, editado por el Centro de Estudios Fray Pasqual Salmerón, que recoge la autobiografía de Pascual Moreno, un ciezano que murió en 1937, precisamente en los tiempos de la Segunda República. El libro lleva el llamativo título de “La lucha por la supervivencia de un trabajador ciezano (1874-1937) y no defraudará a quienes busquen en él arrojo y valor para sortear penalidades e infortunios en la vida. Una vida, la del ciezano Pascual Moreno, que nos recuerda en parte a la de Lázaro de Tormes y con la que guarda en mi opinión un innegable paralelismo. Como Lázaro, Pascual fue criado en la pobreza y entregado a la edad de ocho años a un amo; como Lázaro, anduvo de amo en amo en busca de una vida mejor que nunca terminaba de llegar; como él, padeció hambre y sufrió penalidades y vejaciones que relata en primera persona de forma descarnada. Y como Lázaro, nunca dejó de echar mano de la ironía al contar sus infortunios.
     Pascual conoció, además, en sus años de emigrante por la Argentina y Francia el desarraigo. Su vida, salpicada de innumerables periplos, refleja como tantas otras lo que puede ser para el hombre la lucha por la supervivencia y la dignidad. Sin duda, la mayor de las proezas. Nada tiene de extraño que siempre haya habido hombres y mujeres, también en la Segunda República, que soñaron con un mundo más justo, libre e igualitario. Otra cosa es que eso se consiga así como así, a la primera de cambios…