09/02/09

En Collioure, tras la huella de Antonio Machado









Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse lo vieron llorar.
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar…”…

Antonio Machado/ J.M. Serrat



Collioure, 7 de agosto de 2008

      Estoy sentado en la terraza de un bar frente al mar de Collioure, el pueblo donde murió Antonio Machado, aunque no en el que eligió morir. Hace un día espléndido. Brilla el sol y el calor no agobia. A esta hora de la tarde, el cielo exhibe un azul intenso, como queriendo ratificar el tópico que asegura que no hay en Francia cielo más azul que el de este pueblo incrustado entre la playa y el monte, entre el mar Mediterráneo y los fronterizos Pirineos.
     Un poco antes del mediodía he visitado la tumba del poeta y me ha embargado un sentimiento parecido al que experimenté en Viznar, junto al olivo que cubre los restos de Lorca o en la casa de Miguel Hernández, en Orihuela. Me he emocionado tanto como me puedo emocionar ante la tumba de un ser querido, porque Machado hace tiempo que forma parte de nuestro universo íntimo. Es a la vez ese gran mito de la literatura española y un hombre de carne y hueso, de “torpe aliño indumentario”, a quien se le caía con frecuencia la ceniza del cigarrillo sobre la ropa, y que murió un 22 de febrero de 1939 en el pequeño hotel Boulogne-Quintana, que se encuentra a unos doscientos metros, a mis espaldas. Sólo tres semanas antes de ese fatídico día, llegó el poeta a Collioure, este pintoresco puerto pesquero, a tan sólo veintisiete kilómetros de la frontera española. Atrás quedaba la guerra y empezaba el calvario del exilio.
    Al llegar esta mañana al pueblo, me he encontrado con un tráfico espantoso y unas calles atestadas de turistas. Por un momento, me he preguntado si toda esa gente no habría venido, como yo, tras la huella de Machado. Una concesión a la ingenuidad, porque Collioure hace tiempo que está catalogado como uno de los pueblos más pintorescos de Francia, lugar predilecto de artistas y bohemios en tiempos pasados y del turismo de masas, ahora.

(El artículo completo se puede leer en la revista Ábaco 2009, editada por el IES Diego Tortosa de Cieza)